El estudio y nuestros hijos

En muchas familias se habla de los estudios con los hijos el día que llegan las notas del colegio. La calificación es simplemente un número que en realidad dice muy poco a cerca de la actuación de los chicos en el colegio, lo más importante a valorar es el juicio que los docentes tienen sobre ellos.

El rendimiento de un estudiante es satisfactorio cuando se adecua a su capacidad intelectual y al esfuerzo realizado. El rendimiento es suficiente cuando su nota es de aprobado o de progresa adecuadamente. Hay que tener especial cuidado con las notas numéricas porque generalmente los chicos estudian para obtener esa nota y no para lo que es el fin mismo del estudio.
Pueden ocurrir dos situaciones paradójicas. La primera es que el estudiante aprueba con el suficiente pero su rendimiento es claramente insatisfactorio porque podía haber obtenido mejor resultado como consecuencia de progresar en su aprendizaje de acuerdo con lo que cabía esperar de él. Este es el caso de los chicos superdotados que con las explicaciones y con muy poco esfuerzo consiguen el aprobado. También cabe que el profesor sea poco exigente y se conforme los conocimientos básicos. .

Otras de las situaciones son los alumnos que dedican mucho tiempo al estudio y no obtienen buenos resultados Esto puede deberse a que no presentan una técnica de estudio adecuado o que le faltan los conocimientos básicos de esa materia para poder progresar o que el profesor es demasiado exigente.

De cualquier forma los padres no pueden valorar las notas del colegio en sí mismas porque pueden caer en tres errores: exigir al hijo menos de lo que puede dar, fomentando así la comodidad y el conformismo. Al no adquirir el hábito de estudio puede sufrir en el futuro un fracaso grave aunque ahora vaya aprobando los exámenes por tener suerte, ya que muchos alumnos lo hacen de esta manera.

Otro error sería exigir al estudiante más de lo que puede dar. Esperar altos rendimientos de un chico medianamente dotado pero que se esfuerza, puede provocar un estado de agobio y ansiedad en el alumno que puede llegar a la desesperación y a rechazar abiertamente el estudio.
Otros de los errores sería exigir a todos los hijos por igual, cuando en realidad todos somos seres individuales. Las comparaciones entre los hermanos o compañeros siempre son negativas y pueden terminar en envidias, celos o competencias que no fomentan nada bueno.

Antes de valorar la nota en sí misma habría que considerar si el rendimiento de cada estudiante es satisfactorio de acuerdo a su capacidad y sobre todo si se ha esforzado y se ha dedicado para haber llegado a esa meta.

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