Informe completo: Infarto

Cada año millones de hombres y mujeres sufren un ataque cardíaco, o infarto de miocardio. Muchos logran sobrevivvir con pocas secuelas, otros mueren, otros quedan con el corazón tan afectado que es dudoso que puedan reemprender actividades útiles. Por consiguiente, es imperativo tratar de inmediato los síntomas de infarto siempre que sea posible.

El corazón es un órgano muscular que bombea la sangre a todo el organismo. Lo que ocurre en el infarto de miocardio es que parte del músculo cardíaco deja de recibir sangre y, como resultado, el tejido muere. Para estar sano, el corazón necesita oxígeno y nutrientes que la sangre transporta; estos le llegan a través de las arterias coronarias, (vasos que rodean por completo dicho órgano)

.Hay varios tipos de cardiopatías, según que parte del corazón afecten.Sin embargo, la más común es la aterosclerosis, una enfermedad de las arterias coronarias que consiste en la formación de placas, o depósitos de grasa, en sus paredes. Con el tiempo,estas placas van aumentando de tamaño, lo cual endurecen y estrecha las arterias, y restringe el flujo de sangre hacia el corazón. La aterosclerosis es la enfermedad de base de la gran mayoría de los infartos.

El infarto ocurre cuando, debido a la obstrucción de una arteria o más, el corazón no recibe la cantidad de oxígeno que necesita. Incluso en el caso de obstrucciones leves, una de las placas puede desprenderse y dar lugar a la formación de un coágulo de sangre (trombo). Las arterias afectadas también son más susceptibles al espasmo, y en su entorno es posible que se forme un coágulo de sangre, que tal vez provoque un infarto.

Anatomía interna del corazón.


Cuando el músculo cardíaco se ve privado de oxígeno por determinado tiempo, el tejido de esa zona muere. A diferencia de otros tejidos, este no se regenera. Cuanto más tiempo dure el infarto, más daño sufrirá el corazón y mayores serán las posibilidades de muerte. Si el sistema eléctrico del corazón se trastorna, el ritmo cardíaco se vuelve caótico y el corazón empieza a palpitar muy deprisa y sin coordinación. En este tipo de arritmia, llamado fibrilación ventricular, el corazón no puede bombear sangre al cerebro con eficiencia, y este podrá resistir menos de 10 minutos y luego morirá.
Por todo esto, es vital la intervención de personal especializado lo antes podible, para evitar que el corazón siga dañándose y a su vez dañe otros óganos vitales o incluso sobrevenga la muerte.

Síntomas de un Infarto

Sensación incómoda de presión, o dolor en el pecho que dura varios minutos. Suele confundirse con un fuerte ardor estomacal
Dolor que puede irradiarse hacia el maxilar inferior, el cuello, los hombros, los brazos, los codos o la mano izquierda, o percibirse solo en alguno de esos lugares
Dolor prolongado en la parte alta del abdomen
Problemas para respirar, mareo, desmayo, sudoracián a piel fría y húmeda al tacto
Agotamiento (tal vez desde semanas antes del infarto)
Náuseas o vómitos
Ataques frecuentes de angina de pecho no provocados por esfuerzos físicos
Los síntomas pueden variar su intensidad, y no todos se presentan en cada infarto. Pero si se manifiestan varios de ellos juntos, pida ayuda sin demora. En algunos casos, no obstante, el infarto no presenta síntomas y pasa inadvertido.

Medidas de supervivencia

Si usted, o algún conocido, presenta síntomas de infarto:
Reconozca los síntomas.
Deje todo lo que esté haciendo y siéntese o acuéstese.
Si los síntomas duran varios minutos, llame a algún teléfono de emergencia. Diga a quien atienda la llamada que piensa que se trata de un infarto y déle todos los datos necesarios para que le localicen.
Si cree que la víctima llegará más pronto al hospital llevándola usted mismo en su automóvil, hágalo. En caso de que la víctima sea usted, pida a alguien que le lleve.

Si espera la llegada del personal médico de emergencia:
Aflójele las prendas de vestir, especialmente el cinturón y la corbata. Ayude a la persona a que se ponga cómoda, sosteniéndola con almohadas si es necesario.
Manténgase calmado, ya sea usted la víctima o el que auxilia. La excitación incrementa las posibilidades de arritmia, que puede ser mortal.

Si parece que la víctima deja de respirar:
Pregúntete en voz alta: "¿Me oyes?". Sino le responde, no tiene pulso y no respira, empiece la resucitación cardiopulmonar (RCP).

Recuerde los tres pasos básicos de la RCP:
1. Levante el mentón de la víctima para abrirle la vía respiratoria.
2. Oprímale la nariz con los dedos e insúflele lentamente aire por la boca dos veces hasta que el pecho se eleve.
3. Presione de 10 a 15 veces sobre el centro del pecho, a la altura de la línea de los pezones, para que el corazón se vacíe de sangre y esta fluya hacia el resto del cuerpo. Cada quince segundos repita el ciclo de dos insuflaciones seguidas de 15 compresiones hasta que la víctima recupere el pulso y la respiración o hasta que llegue el equipo de emergencia.
Lo ideal es que lleve a cabo la RCP alguien que haya recibido formación especializada. Pero si no hay cerca nadie con tal preparación, "mejor es algo de RCP que nada". A menos que alguien inicie estos pasos, las posibilidades de supervivencia son escasas. La RCP mantiene a la persona con vida hasta que llega la ayuda.

La primera hora del infarto es la que más peligro encierra para la vida del paciente. El rápido actuar puede proteger al múscolo cardíaco de daños irreparables.
Muchas veces los primeros síntomas de una enfermedad cardíaca es un extenso infarto de miocardio.

Al ocurrir un paro cardíaco las posibilidades de supervivencia son mínimas a menos que se practique RCP (Resucitación Cardio Pulmar) en forma inmediata, y sea atendido en forma urgente por personal especializado.

Por lo general más de la mitad de las personas que muestran síntomas de enfermedad coronaria no consulta a un médico por considerarlos sin importancia.
Cerca de la mitad de los infartos comienzan con una angina de pecho, (dolor o sensación de presión en el pecho)

Corte transversal de un corazón.

En algunos casos, como consecuencia de un infarto, el corazón pierde su ritmo normal de funcionamiento, en esos casos puede usarse la desfibrilacion. Esto un tratamiento de urgencia que usa una descarga electrica para interrumpir los latidos cardiacos del corazon y restaurar el ritmo normal. Es una técnica avanzada, que junto con la RCP, el suministro de oxigeno y la administración de fármacos por via intravenosa contribuye a salvar vidas.

Otra técnica muy usada para salvar vidas es la angioplastia.Esta es una técnica quirúrgica que consiste en introducir en una arteria afectada un cateter con un balón en la punta, el cual al ser inflado desobstruye la zona afectada. De esta forma se puede restablecer el flujo normal de sangre en una buena parte de los casos. Si varias arterias están muy "tapadas", se suele recurrir a una operación conocida como bypass o derivación coronaria.

¿Cómo podemos reducir el riesgo de infarto?

Controlar la hipertensión, diabetes y exceso de peso
Controlar el colesterol
Hacer deporte
Cuidar nuestra dieta, consumiendo alimentos bajos en colesterol y grasas saturadas.
No consumir tabaco, ni drogas
Reducir el nivel de stress emocional o mental.

Debemos prestar atención a nuestro corazón y los avisos que este nos dá, especialmente si estamos catalogados como personas con riesgo de infarto, es el deber que todos tenemos con nosotros mismos y nuestros seres queridos. Todos podemos ser causa de felicidad o aflicción, de nosotros depende...

La enfermedad coronaria está relacionada con varios factores genéticos, ambientales y de estilo de vida. Tras años, o hasta décadas, de riesgos vinculados con uno o más de estos factores, puede producirse la enfermedad coronaria y sobrevenir el infarto.

Edad, sexo y herencia
El peligro de infarto aumenta con la edad. El 55% de los ataques cardíacos corresponden a personas mayores de 65 años, y el 80% de las víctimas mortales tienen más de 65 años.
Los hombres menores de 50 años corren más riesgo que las mujeres de su misma edad. En el caso de la mujer, el peligro aumenta después de la menopausia, pues la cantidad de estrógenos (hormona que protege de las enfermedades cardíacas) disminuye drásticamente. Según ciertas estimaciones, el tratamiento con estrógenos puede reducir en un 40% o más el riesgo de cardiopatías, pero existe la posibilidad de que incremente el peligro de desarrollar ciertos tipos de cáncer.

La herencia también desempeña un papel importante. Los hijos de personas que sufrieron un infarto antes de los 50 años, o incluso después de esa edad, tienen mayor riesgo. Cuando ha habido casos de problemas cardíacos en la familia, existen más probabilidades de que los hijos desarrollen problemas similares.

El colesterol
El colesterol es un lipido esencial para la vida. Lo produce el hígado, y la sangre lo transporta a las células en unas moléculas llamadas lipoproteínas. Existen las lipoproteínas de baja densidad (colesterol LDL) y las de alta densidad (colesterol HDL). El colesterol se convierte en un factor de riesgo coronario cuando se concentra demasiado LDL en la sangre.

Se cree que el HDL desempeña un papel protector, pues toma colesterol de los tejidos y lo lleva de vuelta al hígado, donde es transformado y eliminado del organismo. Si el LDL está alto y el HDL bajo, existe un elevado riesgo de cardiopatía. Al reducir el nivel de LDL, el riesgo disminuye considerablemente. Para bajar el colesterol es muy importante vigilar la dieta, aunque el ejercicio también ayuda. Existen, además, diversos fármacos bastante eficientes, pero algunos tienen efectos secundarios perjudiciales.

Es recomendable una dieta baja en colesterol y grasas saturadas. Al sustituir alimentos ricos en grasas saturadas, como la mantequilla, porotros menos ricos, como el aceite de oliva, puede reducirse el LDL y conservarse el HDL. Aunque, los aceites vegetales hidrogenados o parcialmente hidrogenados que se encuentran en casi todas las margarinas y demás materias grasas vegetales de uso culinario pueden elevar el LDL y reducir el HDL. Otra recomendación es restringir el consumo de carnes muy grasas y sustituirlas por piezas de pollo o pavo con un bajo contenido en grasa.

Los estudios efectuados indican que la vitamina E, el betacaroteno y la vitamina C retardan la aterosclerosis en los animales. Un estudio en particular concluyó que también pueden reducir la incidencia de infarto en el ser humano. El consumo diario de verduras y frutas ricas en betacaroteno y otros carotenoides, además de vitamina C -como los tomates, las hortalizas de hojas verde oscuro, los pimientos, las zanahorias, las batatas (camotes) y los melones contribuye a la prevención de la enfermedad coronaria.

Se ha dicho que la vitamina B6 y el magnesio también ayudan. Y lo mismo sucede con cereales integrales como la cebada y la avena, así como los frijoles, las lentejas y algunas semillas y frutos secos. Además, se cree que comer pescados como el salmón, la caballa, el arenque o el atún por lo menos dos veces a la semana reduce el riesgo coronario, pues son ricos en unos ácidos grasos polünsaturados llamados Omega-3.


Vida sedentaria
Las personas de vida sedentaria tienen más riesgo de infarto. Pasan la mayor parte del día sin moverse apenas y no hacen ejercicio con regularidad. El ataque cardíaco suele sobrevenirles después de alguna actividad fuerte como trabajar arduamente en el jardín, correr, levantar objetos pesados o quitar nieve con una pala. Pero el riesgo es menor entre los que hacen ejercicio regularmente.

Caminar durante veinte o treinta minutos a paso ligero tres o cuatro veces a la semana reduce el riesgo de infarto. El ejercicio regular mejora la capacidad de bombeo del corazón, ayuda a perder peso, hace descender los niveles de colesterol y disminuye la presión sanguínea.
Hipertensión, exceso de peso y diabetes La presión arterial alta (hipertensión) puede dañar las paredes de las arterias y dejar que el colesterol LDL penetre en su revestimiento y contribuya a la acumulación de placas. Al acumularse esos depósitos de grasa, el flujo sanguíneo encuentra más resistencia y, por consiguiente, la presión arterial aumenta.

La presión arterial debe examinarse con regularidad, pues a veces no da ninguna señal externa que indique la existencia de un problema. Se calcula que por cada reducción de un punto en la presión diastólica (la cifra inferior) se reduce el riesgo de infarto en un 2 ó 3%. La medicación para bajar la presión arterial puede ser efectiva. Seguir una dieta (y en algunos casos consumir menos sal) además de hacer ejercicio regular para bajar de peso, ayuda a controlar la hipertensión.

El exceso de peso fomenta la hipertensión y las anomalías relacionadas con los lípidos. Evitar la obesidad, o por lo menos tratarla, es una de las mejores maneras de prevenir la diabetes, afección que acelera la enfermedad coronaria e incrementa el riesgo de infarto.

Tabaco
El tabaco influye mucho en el desarrollo de la enfermedad coronaria. En Estados Unidos constituye la causa directa del 20% de las muertes por infarto y de casi el 50% de los infartos sufridos por mujeres menores de 55 años. Fumar cigarrillos aumenta la presión arterial e introduce en la corriente sanguínea sustancias químicas tóxicas, como la nicotina y el monóxido de carbono. Estas sustancias, a su vez, dañan las arterias.

Los fumadores también ponen en peligro a las personas que respiran el humo de sus cigarrillos. Los estudios revelan que los no fumadores que viven con fumadores tienen mayor riesgo de infarto. Por consiguiente, al dejar el tabaco, el ex fumador no solo reduce el riesgo para sí, sino que incluso puede salvar la vida de sus seres amados que no fuman.

Estrés
Al estar bajo mucho estrés emocional o mental, los enfermos coronarios corren mucho más peligro de infarto y de muerte súbita cardíaca que las personas que tienen las arterias sanas. Según cierto estudio, el estrés puede hacer que las arterias cargadas de placa se constriñan, llegando a reducir el flujo sanguíneo hasta en un 27%. Se observó una constricción significativa incluso en personas con arterias levemente afectadas. Otro estudio indicó que es posible que el estrés intenso propicie la ruptura de las placas en las paredes arteriales y provoque un infarto.
La publicación Consumer Reports on Health dice: "Algunas personas parecen ir por la vida con una mala actitud. Son cínicas, están airadas y saltan a la menor provocación. Mientras que casi todo el mundo deja pasar las pequeñas ofensas, los individuos hostiles reaccionan de manera desmedida ante ellas". La ira y hostilidad crónicas suben la presión arterial, aumentan el ritmo cardíaco y estimulan al hígado a descargar colesterol en la corriente sanguínea, lo que daña las arterias coronarias y contribuye a la enfermedad coronaria. Se cree que la ira duplica el riesgo de infarto, y dicho riesgo sigue constituyendo un peligro inmediato durante por lo menos dos horas.

¿Qué medidas ayudarían?
Según The New Yórk Times, el doctor Murray Mittleman menciono la posibilidad de que corran menos riesgo de infarto las personas que tratan de permanecer calmadas en momentos de tensión emocional.

Aunque hay otros factores relacionados con los problemas de corazón, los que se han tratado aquí pueden ayudar a identificar el peligro a fin de que la persona afectada tome las medidas pertinentes.

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